martes, 15 de marzo de 2016

Anticasa






Hemos roto la casa

con el pecho

la mirada.


Flotan alas de polilla

caparazón de hormiga brava

sabor a smoothie de pintura

a hongo oreja de palo sin burro-elefante

ni ojitos jinchos de camarón.


¡Ay bendito, nos odiamos!


Difícil acto es parir a nuestra madre.

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© ALR, 2016, Puerto Rico.




Imagen:
AA78 by Zdzislaw Beksinski
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martes, 9 de febrero de 2016

Sueño


Día 9, mes 2, año 8:



Sueño con menos frecuencia
que en revelaciones del Antiguo Testamento.

Sueño atea.

Descanso profundo casi nunca.

No hablan mis sueños de dormir,
de micro-insomnios con hedor a ajena paranoia,
a orín de ausentes vivos
asistiendo festivos a nuestro no-funeral.

No hablan de fragancia de ciruelas y vainilla,
pistacho y almendras
de chinas -naranjas- oranges
antes muy frescas,
inaccesibles luego del tax y el vampírico cabotaje.

El tejemaneje en autopistas,
el vaivén del mar
reducen su calidad
a sobras
que no comemos con sal.

No hablan del mínimo intento de belleza
asomada entre agotadora supervivencia.

No hablan mis sueños
prisioneros sin boca ni dientes,
con cabello arrancado y uñas enterradas en piel propia,
de su inerte pantano de autodestrucción.

Juegan
a Isla en pedazos.

Porque el miedo,
porque el dinero,
porque la hierba verde.

Porque la nada no sabe nadar
y desesperada nos abraza,
sumergiéndonos en el Puerto más hermoso,
aterrorizado de Libertad.



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© ALR, 2016, Puerto Rico.

viernes, 22 de mayo de 2015

Escribir



Escribir a sea

c a-c imposi-bleh.


El perro de papel ladra

interrumpiendo el alma

en su caída imaginaria.


Lo amo más que a estas palabras

sin fondo de ruidotón.


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© ALR, Puerto Rico, mayo, 2015

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domingo, 14 de diciembre de 2014

Anoche una canción



Anoche una canción
entró echa dulzura por ventanas tapiadas.

La degusté, neblina afuera
absorta en café y titulares globales:

"Dulce, dulce,
vida es dulce
como siglo de algodón.
Dulce esfera de la espera
dulce cuerpo de ilusión"

Durante medida de tiempo extraviada en sí
se deslizaron pasos en el patio.

No canté más.
Y es lunes, pensé.
Y aun es noche.

Tejí el más profundo silencio
enclavando mil ojos en la tierra.

Recordé los dedos de mi mano derecha
tornarse verdosos minutos antes en el baño,
mi mano viva
acariciando a mi gato.

Recordé a los 43.
Soñé que se habían perdido en extraña fosa
forjada en hierro aún crepitante.

Soñé que eran más.
Que abrazados sus cuerpos
poblaban todo el planeta.

Un chirrido de reja oxidada me hizo saltar a la ventana.
Sin más silueta que mangas cortas blancas
alguien subía la calle
aleteando acelerado
hasta perderse en la espesura
de mi propia oscuridad.




© ALR, Puerto Rico, diciembre, 2014


viernes, 28 de noviembre de 2014

Sacred Isolation IV



Sacred Isolation IV

La piedra

La situación es como sigue:

Una pistola de latón para oprimir un tubo de plástico que contiene no sé qué silicón de mierda, mismo que tardé horas en abrir utilizando para ello toda suerte de herramientas no útiles y toda la fuerza perdida gracias al chikungunya, hijo de su gran madre vampira-chupa-chup, me mira. 
Recostado su cuerpo sobre un periódico viejo que utilicé para evitar que las avellanas que ayer golpeé con maceta de acero salieran disparadas, el tubo yace, invisiblemente masacrado.
El cobertor de latón-pistola que envuelve el tubo, gime entre herido y atormentado.
Un agujero en la parte superior de la boca del tubo plástico, hecho con destornillador y cuchillo de cortar pan -cirugía necesaria para la extracción del preciado, viscoso, químico material- se oculta temeroso.
A su lado y de manitas, un tenis roto, propiedad de una mujer encabronadísima, sobrevive a su destino, embarrado en la sustancia antes descrita que invita al vómito del más fuerte. 
Entre la suela desprendida y el fondo de suela, divorciadas hace semanas, asoma su amenazante transparencia, su químico hedor.
Como remate, una hermosa, gris, triangular, pesada piedra ejerce presión sobre la suela del zapato al revés, pretendiendo que ambas suelas se mantengan cercanas. 
Porque fundidas como en el día de su glorificada transformación jamás volverán a estar.

Toda esta trivialidad de supervivencia devasta.
Pero si me preguntas por qué, no puedo contestarte.
Una sombra amordaza mi boca, ciega mis ojos y borra mi memoria, dejando un agudo tinitus en mis oídos.
Así como cuando mi padre murió y ya no pude hablar ni quise hacerlo. 
Fui una niña muda. 
Ahora, mujer muda frente a un zapato, una piedra, un tubo de silicón...

Ya debo irme.
Debo atender a otros muertos que parecen vivos,
marchando con un pie desnudo.



© ALR, 2014, Puerto Rico.

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