jueves, 17 de enero de 2008

Clara

Después de besar la nevera en agridulce manoseo, regreso a la butaca atropellada de saltos y vaivenes, de sueños ciegos de sueños, y miro con lentes al espejo de aumento.
Me animo a saborearme bajo la luz acusadora de una lámpara plateada, desde la crítica hostil hasta el amor compasivo, pero el fulgor de mis placeres se inmola.
Anoto: comprar bombillas eco.
Comienzo una carta a media luz para un desconocido:

“No te conozco, pero me conozco lo suficiente para afirmar que te amo.
Por eso, casi no te escribo.
Te cuento, en la clase de Pilates de Amor me va bien. Pronto me gradúo e iré a dar clases al infierno. Ya sabes cuánto amor hace falta por esos lados…”
Silencio las teclas.
Temperatura 70 grados F. y algunas aves vocalizando.
“Por estos también”, concluyo.

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2 comentarios:

Mujer con piernas dijo...

"Sé que te quiero, pr eso casi ni te escribo" impactante.
Saludos

Ana dijo...

Mujer, a veces así sucede, extrañamente.
Encantada con tu blog!
Abrazo caribeño!

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