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lunes, 16 de julio de 2018

Pan



Pan

Cruzado el umbral de Vaca Rota, varias mesas posicionadas a la izquierda saludaban al comensal.

Bajo la estudiada oscuridad resaltaba una decena de aromas de pan recién horneado cortado en gruesas lascas. Abrillantadas, muy distintas unas de otras en color, forma y textura, lucían ordenadas sobre bandejas de plata según su receta.
Quedé iluminada.  ¿Puedo servirme varios pedazos?  Percibí una mirada burlona.  Otra con pena.
No estaba allí por vacas rotas ni por mis propios pies.
“Hoy no cocino.  Fumamos para que nos dé hambre, y cenamos fuera”, era un mensaje carente de data previa en mi cerebro.
Yo siempre tenía hambre.

El hombre ordenó al mozo varios platos protagonizados por sendas botellas de vino tinto.  Me preguntaron.  Filetes, no sé qué.  Todo era carne.  Aquí solo hay carnes, ella me dijo.  Miré mis tres lascas de pan y pregunté cuán cocida. ¿Midium reer?  Apareció una ensalada.  Triste como su sombra.

Mi pan era dulce, con nueces, frutas, semillas.  Sabía a bizcocho.
Cuando la enorme porción de carne apareció sobre mi plato, nombrada como la más cocida y deliciosa, sonreí ayudada por el vino, apurando otro sorbo junto a otro pedazo de pan.  Que ya sabía entonces de bien comer el pan a pedazos y no a mordiscos directos de la rebanada, como lo hago estos días en que escasea.  Otros días eran aquellos.  Carne chiclosa, chorreante, jugosa de especias y sangre.


La pobreza no habría impedido visitar algún restaurante intermedio una vez al año, de así planificarlo.  No era importante.  No existía como estilo de vida o prioridad.
Comer, comíamos, según lo disponible.  Frituras, golosinas, dulces, cereal, la cena temprana siemprelomismo, hedionda a Tuperware sin lavar de la abuelastra, los almuerzos dominicales de la tía con flan de postre, el pan soba’o, salchichón con galletas de soda, mantequilla de maní directo de “lata” de cartón enorme, llenaban mi panza.

Nunca almorcé en la escuela durante doce años.  Cuando tuve piernas propias, me aventuraba suicida a las 3 p. m. hacia la tiendita en una cuesta del pueblo para buscar alimentos marca dulces, chocolates, alguna paleta y cero frituras, que eran más costosas.
Así, en ayunas todo el día escolar, pasó la infancia y adolescencia.  Desarrollé salud de cuervo-chango moribundo.  Preferencias alimentarias nefastas, junto a desconocimiento culinario.

El colegio en que estudiaba pagando privilegios, carecía de comedor y de opciones a la venta que superaran el Holy Grail de un hot dog, #pastelillos (#empanadillas) de pizza o carne, y sanduiches de mezcla los viernes.  Era común ver desmayos en niñas muy blancas o debilitadas.  Yo no era blanca.  No soy.  No quiero.  Nunca quise serlo.  Debilitada, tal vez.  No lo sentía.  Sólo a veces.  Este mismo cansancio largo que siento ahora.  Hambre verde con burnout.

Pero era joven.  No había internet para hacer búsqueda de síntomas o recetas.  Sólo la tele con tres canales en b/n.  La escuela y sus libros.  Los libros antique que aparecían en casa y nadie más leía.  Revistas y cómics de la farmacia.
Autoeducarme.  Ser responsabilidad propia desde que nací.  Aprender de otros niños.  Observar diferencias entre hábitos y disciplina familiar ajenos y los nuestros.

No recuerdo qué hábitos o disciplina había en mi casa.  Absurdo.
Todo era ir.  Todo siempre tarde.  Dormir tarde.  Llegar tarde al colegio o a la iglesia.  Tarde a citas médicas a las que no era llevada hasta pasar varias noches gritando.  Cenar horrendo tarde.  En silencio.  Sin reglas, estética o modales.  Con pobre iluminación.  Cenar pan soba’o sin sentarme a la mesa a las 11 pm previo a un día escolar, surcando el largo y ancho de la casa en carrera llorosa, mientras mi madre apostaba una suerte de muebles y objetos variados contra puertas y ventanas cada noche, presa de terror en nuestra casa de cemento flanqueado con rejas de acero cada uno de sus huecos.
Todas, menos la puerta trasera.  ¿Por qué en la puerta trasera no?  Creo fue por orden del abuelo.

El lado materno de mi familia materna era racista-clasista sin arrepentimiento.
Mi abuelo materno era negro.  No verde, como mi madre y yo.   Mandón, infiel, manipulador, embustero, politizado, armado, machista, responsable, respetado, maltratador, rezaba el rosario a diario zombie de sueño.  Levantó un muro entre racistas y sus hijos, aterrorizándonos a todos con algo desconocido.  Algo que nunca se decía con sus letras.
¡Racismo!  ¿Qué más terror que el racismo acompañado de misoginia?
¡La falsa inferioridad!  ¡El silencio!


Mastiqué el trozo geométricamente serruchado sin doblar las muñecas lo mejor que pude.  El hombre tomaba copas por botellas paseando sus ojos de mis panes a mi cara con odio.  Él pagó.  La mujer me urgía a disfrutar la carnosa pieza y dejar el pan a un lado.  El vino en mi cabeza, en mi garganta, no ayudaba en el proceso.
Ellos degustaban algún postre.
Yo masticaba.
El hombre continuó bebiendo.
Yo masticaba.



ALR, Puerto Rico, 2018.

sábado, 2 de junio de 2018

De árboles, gatos, muertos y María Antonieta



No sé cómo llegué aquí.
A este Amazonas triste y feliz trabado de emociones con mil rostros.
Duelen los ojos.
Un perro ladra cerca pidiendo que relate lo de ayer.

Ayer, dos trabajadores en mi propiedad mantuvieron con una vecina la siguiente conversación:

Oye, Fulano, dijo ella, tú no sabes qué será bueno pa'  "sacar"  a unos gatos de aquí?
Es que aquí hay unos gatos que se pasan jodiendo toda la noche (nótese que el "aquí" al que hacía alusión no es el "aquí" nombrado al inicio de este post, y que, "sacar" en mentalidad de corrupto -colonial habitual, se refiere a asesinar).
Ay, mijo, continuó, y yo que odiooo los gatos, saboreó, extendiendo la palabra odio.

Uno de los dos hombres le contestó:
¿Gatos? Puej, lo único que yo conozco es 'tres pasitos'!
Y rió.

Ja, ja, ja, rió también la vecina, cortándose seca en plena carcajada.
Pero yo creo que eso ya no lo venden, selló con tristeza.

Pregúntale a fulano, siguió el trabajador (refiriéndose al esposo de la mujer), él sabe de tres pasitos.


Silencio eterno entre ambos.
Duración, dos segundos.


¡Fulanooo, fulanooo!, rompió el silencio la mujer llamando a su marido con voz de urgencia.

Y se fue.

La hija de mil putos se fue y no alcancé a grabar la conversación.

Pero me quedó claro.
Varios gatos estaban en peligro de ser asesinados.

Esta mujer es la misma que hace años pateó durante semanas, cada amanecer, el tronco de un árbol que había sido replantado para salvar su vida tras un huracán.

Esto, lo presencié con estos ojos que han de ser donados a los gusanos.
Mientras, profería un monólogo demente por lo bajo, maldiciendo el árbol, llamándolo "mierda, porquería".

Una mañana, el árbol, delgadísimo ante el ataque cotidiano, apareció tendido sobre la acera sin posible recuperación.

Esta mujer es la misma que levantó una micro-protesta harta de odio contra otro árbol que sí se salvó de huracanes y patadas, logrando servir de nido a cotorras, búhos y otras aves, filtrando oxígeno y ruidos con sus miles de hojitas, que, renovándose en otoño, caían y caían, y caían...
Al punto que otro vecino profería gritos soeces contra el árbol por sus hojas que "ensuciaban la entrada de su casa".

Así pues, ambos vecinos unieron fuerzas y entre chistes bullies y tazas de café, maldecían las hojas del árbol que, según decían, atentaba contra la sanidad y estética de su calle.
Luego, reían a carcajadas, burlándose del abandono de la casa que los separaba, de su grama alta, su pintura escamada, y otras tragedias que suceden a las casas cuando sus dueños enferman, pierden sus ingresos, empobrecen y carecen de ayuda externa.

Un día, aprovechando que el frondoso árbol también "enfermó", lograron sacarle un dudoso sí a la anciana dueña de la casa.
Segundos después, apareció una súper sierra a devorarlo.

El aire, los ruidos, la temperatura, la vida, ha sido un infierno en crescendo desde entonces.

Pero volviendo a los gatos.
Yo tengo un gato. Otra vecina tiene dos. Los que pernoctan en el patio de la vecina odiante/hater son otros.  Gatos homeless, hambrientos, heridos.
Gatos vivos en fin.
Tan vivos como lo estaba uno de mis gatitos antes de morir aplastado por un vehículo frente a mi casa. Tan vivos como los vecinos haters.

Aquí no se puede dejar árbol o mascota alguna sin protección o vigilancia por un segundo.

El club de viejóvenes retirados dedicados al odio y a cobrar sus altas pensiones producto de panismo, oportunismo y corrupción en esferas gubernamentales, se encargan de eliminarlos.

Estos demonios y sus familias pertenecen a un grupo que no ha dejado la Isla para irse a vivir/morir en la diáspora.

Estos demonios y sus familias fueron a votar en las recientes elecciones. La mayoría se identifican con el partido político insular que manosea una relación de estadidad para Puerto Rico y son muy "tolerantes" desde su  hipócrita puritanismo caribeño, con las degeneraciones antihumanas y delitos del 45.

Inmediatamente del paso de María, el huracán asesino devastador que implotó vidas e historia de Puerto Rico, los vecinos haters de árboles, repararon desastres en sus "mierdimansiones" con una obsesividad compulsiva y rapidez que asustaba.
Pintaron, limpiaron, sembraron, arrancaron, plantas eléctricas y cisternas de agua se multiplicaban.

Como colofón, "espetaron" frente a, o sobre sus casas una gigantesca y amable (por su gente buena, que la hay), bandera estadounidense.

Mientras, miles y MILES de puertorriqueños MORÍAN y morían, y morían, y morían, y morían, morían, y morían, y morían, y morían, morían, y morían, y morían, y morían...

Pero ELLOS y sus familias, celebraban.
Hacián barbacoas. Veían pelis hasta medianoche.
Sin compartir plantas eléctricas ni agua, fuera de su sagrado cír-culo.

Estaban BIEN.
Era vital estarlo, para asesinar más árboles y gatos.


#PuertoRico #PostMaría
#PuertoRicoDeathToll
 #Ãl🇵🇷.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Sacred Isolation IV



Sacred Isolation IV

La piedra

La situación es como sigue:

Una pistola de latón para oprimir un tubo de plástico que contiene no sé qué silicón de mierda, mismo que tardé horas en abrir utilizando para ello toda suerte de herramientas no útiles y toda la fuerza perdida gracias al chikungunya, hijo de su gran madre vampira-chupa-chup, me mira. 
Recostado su cuerpo sobre un periódico viejo que utilicé para evitar que las avellanas que ayer golpeé con maceta de acero salieran disparadas, el tubo yace, invisiblemente masacrado.
El cobertor de latón-pistola que envuelve el tubo, gime entre herido y atormentado.
Un agujero en la parte superior de la boca del tubo plástico, hecho con destornillador y cuchillo de cortar pan -cirugía necesaria para la extracción del preciado, viscoso, químico material- se oculta temeroso.
A su lado y de manitas, un tenis roto, propiedad de una mujer encabronadísima, sobrevive a su destino, embarrado en la sustancia antes descrita que invita al vómito del más fuerte. 
Entre la suela desprendida y el fondo de suela, divorciadas hace semanas, asoma su amenazante transparencia, su químico hedor.
Como remate, una hermosa, gris, triangular, pesada piedra ejerce presión sobre la suela del zapato al revés, pretendiendo que ambas suelas se mantengan cercanas. 
Porque fundidas como en el día de su glorificada transformación jamás volverán a estar.

Toda esta trivialidad de supervivencia devasta.
Pero si me preguntas por qué, no puedo contestarte.
Una sombra amordaza mi boca, ciega mis ojos y borra mi memoria, dejando un agudo tinitus en mis oídos.
Así como cuando mi padre murió y ya no pude hablar ni quise hacerlo. 
Fui una niña muda. 
Ahora, mujer muda frente a un zapato, una piedra, un tubo de silicón...

Ya debo irme.
Debo atender a otros muertos que parecen vivos,
marchando con un pie desnudo.



© ALR, 2014, Puerto Rico.

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sábado, 4 de octubre de 2014

Sacred Isolation III







Sacred Isolation III


¡Mira pa'llá!

¡De cuántas cosas vivas buenas
me he perdido no estando aquí
n estando allá.

Han sido pocas, como pocas son las cosas buenas entre tanto mal nauseabundo.

Pero han sido.
Siguen siendo.

Y sé, con la razón aun
cuerda bajo mi pelo,
que estando allá o aquí, igual
me habría perdido de esas cosas en su momento transgresor y tiempo exacto.

Que siendo hombre o mujer, niña o elefante, me las habría perdido.

Que siendo preso o exiliado, insecto, cotorra o perro, me las  habría perdido.

Porque en este tiempo solo importa, con o sin dolor, que llegue el sueño, y caer donde me acomode
y que lleguen voces ruidosas con elementos supremacistas a coro, con ruidos maquinales, zombilizados, zombilizadores, a despertarme.

Es por eso que ya no recuerdo mis sueños completos.
Sólo, a veces, su final.

En el de anoche desperté a las seis
entre actores difusos (solo uno me fue malconocido), apeándome de una camioneta que iba yo manejando, justo cuando el único camino "meta" ajena que carecía de sentido e importancia para mí, se hizo estrecho como pasillo de barrio entre construcciones viciosas y profundas escaleras.

Fue un acto de inserción superviviente mutante en sociedad anacrónica creída en control absoluto.
De desobediencia civil como salvación.


© ALR, 2014, Puerto Rico
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sábado, 21 de junio de 2014

Casa

Encontré la casa en que di mis primeros pasos.

No es así:



Ni así:


Ni así:





Es otra, totalmente otra.

Amplia, hermosa, tecnológica, 
joven, surtida, iluminada.

No existe en ella nada de mí
solo un celaje volando en andador sobre el piso de madera, 
chocando contra las paredes, 
llorando, revolviendo comida sobre la bandeja de mi silla, 
revolviéndome sobre la cuna de madera que mordía
como quien chupa algo dulce y protector.

No existo allí, 
pero existe en mi totalidad algo invisible de su geografía, 
algo que siempre estuve buscando.

Memorias. Verdad. 
Preguntas nunca satisfechas. 

Casa = asac.

Casaca para guerras históricas y solitarios fríos.

Sus calles nos vieron pasar 
o sus vísceras, 
hoy recubiertas de nuevo asfalto. 

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ALR, PuertoRico, 2014

#Agoraphoto: ALR, 2014

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miércoles, 2 de mayo de 2012

Literatura infantil y evolución (y una publicación completa)


“Los límites de la literatura infantil están mucho más allá de lo que creemos”

Para explorarlos desde la ilustración narrativa, la editorial Thule con la filóloga Olalla Hernández han lanzado Isla Flotante, una colección de cómics para niños y adolescentes basados en una ciencia ficción ecléctica y que permita distintos niveles de lectura.  

Enlace. Vía: Periodismo Humano.


martes, 20 de septiembre de 2011

Fugitivo


Fugitivo

Tengo el Síndrome del Cuidador, la piedad del Vengador Fantasma ¿o qué?, dijo el caballo en alegre galope.
Cojeaba.
Tres años de pésima recuperación de su pata accidentada, convertidos en vulgar supervivencia.
Había aprendido a reconocer cualquier trastorno humano, a distinguirlo de su parálisis PTSD, de su sudoración, su falta de aire o confusión, de sus ataques de pánico, de sus delirios felices de episodio mánico, de sus cambios abruptos rapid cycling y de cualquier otro efecto del infierno que sus cien razones calladas le habían legado. Tres años de cárcel en libertad sólo sirvieron para analizar los recovecos de su historia, hasta convertirse en el equino que se negaba a llevar cualquier carga hostil sobre su espalda o a ser sometido como bestia cercana a la muerte.
Ya no era el mismo. Tenía derechos. Y dignidad.
Esto pensaba pastando, cuando su dueño decidió ensillarle como lo había hecho desde niño (ya bastante descanso eran tres años sin cabalgar), minutos antes de su humana hora final. 
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*Si quieres saber más de Valiente, a quien dedico este Qué te cuento, haz  click aquí.
(Advertencia, historia de terror provocado por raza a medio desarrollo, llamada Humana)

domingo, 17 de julio de 2011

Consumados




Consumados


Junto a este árbol habita un fantasma que, como todo buen fantasma, sobrevive a la sombra de un árbol.
Antes de ser fantasma, fue poeta. Es poeta. Que no es lo mismo ser poeta que creerse poeta. Dicen los que nada cuentan y mucho conocen, que se hizo poeta porque sí, creyéndose poeta a ratos, cuando el dolor lo mordisqueaba  por dentro. Pero no creyó serlo hasta las noches y madrugadas, viajes, visitas, paseos, sueños, pesadillas, amores y odios, en que tuvo que abrazar la poesía como única cordura y razón. Un día dijo, soy poeta. Ahora que soy fantasma, lo entiendo. Ante la duda, preguntó a poetas mil: Dígame señor poeta, señora poetisa, ¿cree usted que soy poeta? Le contestaron con alegre sorpresa: Se es poeta aunque no se sea, sólo por creer serlo. Escribir buena poesía ayuda, rieron.
“Buena poesía”, se repitió el fantasma del futuro con temor. No escribo buena poesía. Es apenas la rabia y el dolor quien habla. Soy apenas un simio al que faltan palabras y sobran mecidas en árbol, rascadas y sacudidas, luchas matriarcas defendiendo crías.
Este es el caso de un poeta-fantasma que vive junto a este árbol.  Como todo buen poeta, llora alguna vez por algún árbol,  rendido ante la emoción por su vida y energía. A veces llora más, cuando el árbol es amenazado de muerte por simios podridos en consumismo.
Son esos los días en que gimo de impotente desesperación.
Un Poeta, ya sabe usted, rareza de por sí, un iluminado, hervido a la sombra de su silencio por dolores propios y ajenos, un duende, un animal hostioso en peligro de extinción desde tiempos sin memoria, y encima, fantasma rozando orillas de Canterville-Chase (al menos las orillas de su angustia, que corren otros tiempos), y como frutilla sobre helado, sus lágrimas por mí. Agua salada. Clara ya, de tanto fluir por quien no puede arrancar los pies del suelo.
Son esos los días en que quisiera sacudirme la tierra y pedazos de cemento que cubren mis pies de un golpe, y que los pájaros negros que tanto chillan en mis ramas salgan volando, para abrazarle, subirle a mis ramas y así en brazos, llevarnos lejos, a un bosque quizá, donde ambos podamos vivir en paz.
Qué puedo decir, yo también sufro. 
Si me mataran ahora mismo por simple odio a mi presencia, a mis hojas secas o sombra, no viviría para contar su historia. La historia del poeta-fantasma que me ama por las noches hasta salir el sol.
Una noche me dijo con tristeza: Bajo estas circunstancias de fantasma, no puedo salvarte, bello amor. Como poeta no sé. Quizá, si aprieto duro los ojos o los pensamientos. Quizá, si llamo a mis antepasados energéticos, o a todas las energías milenarias que amaron a algún árbol alguna vez, y les pido con fuerza, les suplico, les imploro, ¡salven a este árbol que vive frente al poeta-fantasma!, así, llorando como ahora, como siempre, cuando recuerdo todas las veces en que te han querido matar, las voces de los asesinos.
Aquella noche, los hilos energéticos que nos separan se borraron para siempre. Éramos dos presos en nuestros cuerpos. Yo, en peligro de muerte constante, él en peligro de extinción, atado a la cárcel de sus recuerdos. Él, humano fantasma. Yo, árbol vivo. Ambos en riesgo. Ambos capaces de escucharnos y entendernos. Ambos luchando por no morir. Y aunque dicen que los fantasmas están muertos, este no es el caso.
Los poetas están hechos de otra materia indócil sin tiempo. Nunca serán fantasmas muertos ni zombis cayéndose a pedazos.
A veces le contaba mis berrinches con algunas aves, terminábamos riendo. Rabiábamos a coro por la fumigación cotidiana de elementos tóxicos al aire, agua y suelo, principalmente el diesel del vecino que, los “vivos”, no se atrevían a confrontar. Por pena, contaba el poeta-fantasma. Siempre la pena jode la justicia o la belleza, la supervivencia.
Yo le escuchaba como quien escucha a un sabio, aunque dijera no serlo. Pocas veces en su vida un árbol puede hablar de tú a  tú a cáscara suelta con algún humano.
Hablábamos por horas, de gusanos, del atrevimiento de murciélagos, del mundo paralelo entre lagartijos y salamandras, de las serpientes escondidas en el monte, de la misteriosa desaparición de los sapos y la masiva reproducción de coquíes oculta de la ciudad, de las cotorras que dejaron de venir, de los maleantes que pasaban, creyendo esconderse bajo la oscura noche, del ruido criminal que los humanos realizaban en días de propaganda política o religiosa, paseando sus autos y expulsando tóxicos al aire. Nuestro aire.
Un fantasma que respira, le dije enternecido alguna vez. Sí, contestó. Pero no hablemos de eso. La noche es corta.

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© ALR, Puerto Rico, 2011

Imagen: Dirt Eater, Shana Robbins


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lunes, 18 de octubre de 2010

Y si nada es casualidad



Y si nada es casualidad, 
qué hago a orillas de una silla, tecleando palabras con vago índice derecho a las 5:30, acomodando mis lentes -pata rota- oreja derecha, con el del corazón y el anular, mano izquierda entre el pijama y la cara interna de mismo muslo, mi codo izquierdo sobre mi rodilla izquierda, mismo pie sin ropa subido sobre el borde de mi cama, mi cama deliciosa y pesada como lápida que, espero, nunca cubra mi cuerpo. 
Pero ya sabes cómo es la vida. 
Se mata a sí misma, se resigna o se reinventa, y si no puedes con su absurdo, te revienta. 
Ya ves los 33 Héroes Mineros del Sur, casi quedan con panteón indeseado y totalmente inmerecido, pero a los humanos que les aman se les ocurrió extrañarles, ubicarles, salvarles.  
¡Y lo hicieron! 
Ahora son parto múltiple del vientre de la tierra, Maestros que hablan palabras aprendidas en la oscuridad. Porque conocen el útero de la Madre y sus secretos, conocen la oscuridad, como la luz, conocen del miedo humano a dejar de serlo. Porque entendieron qué mueve a continuar deseando la vida.
Y le llamaron Dios y fue bueno. 
Igual llamémosle por su nombre: pujanza del pobre + presión internacional + ingeniería súper sensacional; todos queremos ser bellos y amados, comer del pan que salva de no volver a vernos. A veces, hastiados de muertes en negación, de represión y silencios, de traicioneros como amigos por la vida, acomodamos los labios a la sonda que escupe supervivencia, mamamos. 
¿Hasta cuándo morir y mamar?
La comunicación sólo ayuda cuando el comunicador no juzga.

Ya escribo a dos dedos, como quien alegre suelta una piedra. Crucé mi rodilla derecha sobre la izquierda (¿debo aclarar, sin alusiones políticas?). 
Ya estiro mis dedos halándolos unos con otros por los pelos, tronándolos, excusándome por no ser renacida, por no teclear a 10 dedos como manda el viejo dios de la mecanografía. El diablo carpal tunel me hizo olvidar, nunca olvidarte, hasta matar los mártires inyectados en mi memoria, todas mujeres, todas vírgenes, sin más serpiente por aplastar que su propio sexcrificio y codependencia, su esclavitud de consumo. O sería otro sueño colonizado.
Me extrañas, y surge una cápsula desde la superficie.   
Mientras, no envíes demasiados alimentos. Envía música y más sol en la mañana, menos ruido de camiones, menos hedor a gasolina, menos desorden.
Estamos bien en el refugio, los 3. 
Mi ego, mi autoexilio y tu espíritu, inconscientemente incondicional.
Si gustas, nos leemos en Twitter, aunque ya ni esas cosas son seguras por estos 
insu-lares.
Nada lo es, guerrero mío.

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© ALR, Puerto Rico 2010






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domingo, 16 de mayo de 2010

Tierra

Temblor en Puerto Rico de 5.07, 1:16 am domingo16  mayo...
Estamos bien en casa.

 Red sísmica actualiza magnitud de temblor PR a 5.8

viernes, 12 de marzo de 2010

Signos vitales

Signos vitales




Primeros pensamientos del día:

¿Narcoisla?  ¿Vodka a los 130 años?



Primera oración pronunciada:

"No."



Primera sonrisa y hambre:

Arte. Café.



Primera carcajada:

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Primeros ruidos:

Hombre al micrófono, niños gritando, perros ladrando, vendedor en la calle con estridentes bocinas, camión encendiendo y acelerando, pájaros, bip de microondas, voz de mujer cada 3 segundos, más gritos de niños y de hombre al micrófono, reguetón proveniente de autos, maquinaria  de construcción, planta eléctrica, vecina gritando, más camiones, autos y pájaros...



Primer pensamiento oscuro:

"Si se callara."



Primer mordisco:

Uñas.



Primer avistamiento interesante:

Un niño en uniforme escolar con mochila a la espalda cierne cemento  junto a un hombre. Balancean sus brazos meciendo el marco del cernidor (como sea que se llame)  sincronizadamente. El hombre se detiene y le indica cómo hacerlo. Continúan.  Parecen felices. Es obvio que el niño no fue a la escuela. Construyen un área de colorido parque infantil pagado por fondo Federal en zona inundable, a orillas de un río contaminado del que  nunca se supo  qué pasó, luego de hacerse pública su contaminación.



Primer vídeo:

Food Inc. (review).



Primera canción con audífonos (y sin romperlos de un tirón, todavía):

Kelch der Liebe 
Gracias por prestar el DVD(46:20, aullido mental!). 
Lacrimosa, cuánta elegancia!



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viernes, 26 de febrero de 2010

Limpieza pre-primavera

¡Ya!
Sigan diciéndome que me parezco al hablar al personaje de Luisma, el de la serie española Aída, mientras estornudo y me deshago en alergias.
Y luego sigan trayéndome cosas viejas de los closets y cajones que están limpiando y poniéndomelas encima, alrededor de mí y en mi cuarto,  como si fuese yo una ropavejera que arrastra  cachivaches y cacharros, un  mago, hechicero o chamán que todo lo transforma en nuevo o descubre su misteriosa e ignorada utilidad.
¡Que no soy el tal  transformador de cosas, pesadillas o sueños!
¡Que no soy nada de lo pensado!
Que soy solo un paquete de huesos revistiendo y revestido por  órganos vivos, con un cerebro vidente para cualquier cosa que no sea  hacer fortuna.
Que soy solo esa que sueña, piensa, fantasea y alucina  sombras y fotos  estáticas, videos que sobraron de  vivencias que nunca vi, pero percibí en esta u otras vidas, y hoy me rodean a donde vaya, como estela de mí misma.
¡Que no me arrojen más basura encima!
¡Maldita revolución industrial!
Quiero estar limpia, desnuda, descalza, liviana de equipaje, invisible, volar, atravesar paredes, dimensiones, vidas, océanos, infiernos, cielos, universos.
Quiero amarte.
Perfeccionista y obsesivamente, fundir el cristal dimensional entre la vida y la muerte.
Porque tú eres como dicen de  Dios, el principio y el final.
Quiero amarte, pero no sé si para besarte deba morir o tú materializarte en zombie, y eso estaría un poco mal.
No me gustan los seres sin alma ni cayéndose a pedazos.
En fin.  Regreso a limpiar.

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domingo, 14 de febrero de 2010

Corazón pelón


Os presento al valiente corazón de papel, nombrado caballero de espada y sable ante las Cortes  de esqueletos de papel maché, por su incansable y diáfana  búsqueda de verdad y libertad.


A continuación, algunos enlaces previamente publicados por la autora de este Blog, relacionados  con  este post corazonado,  y con las emociones representadas en la celebración pagana consumista que acontecen en este lado del tercer planeta un día como hoy.


martes 19 de febrero de 2008

Conjuro lunar

domingo 10 de febrero de 2008

Petit mal

miércoles 28 de febrero de 2007

¡Pop!

sábado 14 de febrero de 2009

Azúcar

sábado 14 de febrero de 2009

Escoge y ¡Yo! ¡Can! - 2 de (des)amor

martes 3 de febrero de 2009

Cora Coraza

domingo 1 de febrero de 2009

Corazón, ¿qué quieres?

sábado 24 de febrero de 2007

De rosa

miércoles 14 de febrero de 2007

Amor, desamor: Dos poemas y un cuento

viernes 25 de diciembre de 2009

Siempre

domingo 24 de mayo de 2009

Soñar la realidad

lunes 20 de abril de 2009

2 de películas

lunes 6 de abril de 2009

Sol de mi corazón de choclo

lunes 1 de septiembre de 2008

Teme

jueves 6 de marzo de 2008

Inmunizante

miércoles 28 de noviembre de 2007

¡Cuánto nos ama el amor!


lunes 15 de febrero de 2010


Va lento

domingo 10 de junio de 2007

Tris-tras...suash!

sábado 31 de marzo de 2007

Dulce alevosía

sábado 27 de enero de 2007


Te amo PoEma

sábado 11 de noviembre de 2006

Rosas

sábado 22 de marzo de 2008


Perdóname el odio

lunes 19 de mayo de 2008

Te lo dije

martes 2 de octubre de 2007

pornógrafa

viernes 22 de diciembre de 2006

Ouroboros

domingo 15 de abril de 2007


La esclavitud del corazón

lunes 29 de enero de 2007

Cuando todo se vuelve extraño

miércoles 22 de marzo de 2006


El corrector ambicioso

domingo 29 de junio de 2008

Lov




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