martes, 3 de marzo de 2009

En sus marcas... listos...¿Fuera?

Hoy en Puerto Rico hierve el aire con notas bajas de suspenso.
Le han llamado la hora cero de la hora cero.
El País espera el mensaje del Sr. Gobernador, cuya expectativa candente es la posibilidad de cientos o miles de despidos de empleados públicos.

Desesperarnos no soluciona nada.
Sólo agrega sufrimiento y caos, destruye nuestra sociedad, más que la pérdida de ingresos misma y sus efectos inmediatos.
Aunque en general, el País se percibe "tranquilo", o vaya usted a saber, si en negación escapista.

Como dijo un compañero bloguero en su blog:
"No deja de impresionarme la aparente tranquilidad de este pueblo ante lo que está sucediendo a nivel político, social y hasta religioso."
Espeluzna.

Es momento de dictar cátedra de supervivencia, de paz y cordura.

Que no es callarse.

Aludamos a quienes supieron sobrevivir a la ausencia de lujos, pagos y comodidades, a su verdadera supervivencia, movida por los deseos de vivir, de luchar por los suyos, aun cuando se quedaron sin qué comer, qué vestir, con qué ducharse o curarse una enfermedad, y encima, eran perseguidos.

Eran otros tiempos, pero la genética tiene memoria.
Hoy, a todos nos sobran "cosas" que podemos compartir.

Respira.
Muévete en la dirección que consideres más sana en todo aspecto.
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Actualización:
Anotaciones del mensaje

Felicito a las personas que escribieron y editaron el mensaje al pueblo del Sr. Gobernador de Puerto Rico.
Fue psicológicamente agradable, justamente lo necesario para un pueblo enfermo.
Oscurantista como velo, pero bordado de escarcha y lentejuelas, parpadeaba en el cielo a un ritmo de gallinas haciendo baile de striptease con plumas enormes, pareciendo un sueño.
Me dejó la sensación de que no sólo este esfuerzo de todos, es necesario e inevitable, lo cual es cierto, sino que los ricos pagarán la crisis sintiendo y abrazando el dolor de los pobres y clase media trabajadora, haciéndola suya en la reducción de sus ingresos y aumentos en contribuciones, etc.
Sí, el mensaje fue sutil.
El viento acariciaba los arbustos que lamían con sonrojo primerizo la ventana de la habitación donde fue filmado, denotando al final de la tarde algunas sombras fantasmales y un no sé qué goticoso y literario que me encantó.
Entre cubiertos chocando en silentes comedores y silencio vecinal, las palabras se fueron desvaneciendo en el aire.
Es más, juro que nunca las escuché:
Serán 30,000 despidos.
Lo demás fue energía imperceptible. Vibraciones, vibraciones.
Sólo el cierre de algunas maletas abriéndose para recibir un equipaje ensayado mentalmente con anterioridad, interrumpía el poema.
Somos más allá, donde sea que signifique "allá", siempre que no sea acá.
Y vi el mar abriéndose, mientras un pueblo dividido en dos, caminaba al centro.
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